Se conocen desde hace muchos años, pero nunca habían
tocado juntos. Ahora editaron juntos "Tráfico porteño".
Sandra de la Fuente. ESPECIAL PARA CLARIN
Tuvimos vidas paralelas: nacimos en 1940, nos casamos y criamos hijos
también por la misma época, pero nunca habíamos
hecho jazz juntos", comenta el pianista Jorge Navarro mientras su
compañero de fórmula, el trompetista Gustavo Bergalli,
asiente con la cabeza. "Cuando yo volvía de Puerto Rico, él
se iba para Suecia, y así. Nos desencontramos. Finalmente el año
pasado nos cruzamos y después de tocar algunas veces en boliches
como Notorious decidimos grabar juntos".
Tráfico porteño es el nombre del disco que grabaron en
el 2004.
"Cuando llegamos a la sala de grabación para hacer Tráfico porteño
empezaron a sonar cosas interesantísimas que nunca se habían
previsto, cosas sobre las que nunca habíamos hablado. Una señal
de esto es que en la grabación quedaron impresos mis mugidos y eso
pasa cuando se me enciende la caldera, cuando hay una comunión particular",
confiesa Navarro.
¿En cuánto tiempo grabaron el disco y cuánto tiempo
después de reunirse a tocar?
Navarro: Nos tomó dos tardes, cuando por lo general
se usan 90 o 100 horas.
Bergalli: Y no tiene retoques. Antes, habíamos tocado
juntos unas cuatro veces. Pero nada de lo que pasó en esos encuentros,
pasa en la grabación.
Bergalli, en estos últimos años se había dedicado
a incursionar en el lenguaje del tango. ¿Qué pasó con
ese proyecto?
Bergalli: En Estocolmo tengo un quinteto de tango. También
hice una producción para una orquesta grande con arreglos de Carlos
Franzetti sobre temas míos, de Franzetti, de Cobián, de Troilo
y de Piazzolla. Es una verdadera orquesta de jazz, el sonido de una big band,
pero hace repertorio tanguero, el sonido de una big band con el repertorio
de tango. Está Juan José Mosalini en bandoneón y yo
de solista. Los arreglos presentan armonías modernizadas, colores
nuevos, ése me parece que puede ser un aporte para el tango, que es
un género de armonías tan simple. Quiero cambiar la sonoridad
del tango y agregarle improvisación, superar las variaciones, que
son simples ornamentaciones de la melodía.
El tema "Tráfico porteño" crea
la expectativa de un color local. Sin embargo, es una pieza de puro jazz.
Bergalli: En realidad es un tango, pero en el disco
no está tocado
de esa manera.
Navarro: Jamás me dijo que fuera un tango. Recién
me entero de esto. Yo hice lo que él me pedía. Las armonías
son de él, no mías. Para mí es un tema de jazz moderno,
jazz de avanzada.
¿Qué es el jazz de avanzada?
Navarro: No lo sé. No creo que nadie lo sepa. Lo
que noto es que después de tanta vuelta estamos tocando igual que
en el año 60. ¿A quién podríamos considerar
de vanguardia?
Bergalli: ¿a Charlie Haden?
Navarro: Charlie Haden está haciendo boleros ahora.
No hay nadie que esté haciendo nada que vaya más allá del
Miles del 63. Todo lo que se hace es volver después de las experiencias
del free jazz y la fusión que para mí abrieron la cabeza. Nunca
me sentí cómodo con el free, jamás toqué de ese
modo. Sin embargo, en el último tema de Tráfico porteño,
hacemos free jazz. Gustavo había quedado solo con la batería
y yo sentí la necesidad de tocar fuera de la armonía. Estamos
cada uno en lo suyo, pero en comunión. Es extraño. El free
jazz no se sigue tocando, pero nos dejó eso: nos dio el permiso de
hacer ese lío maravilloso.
Bergalli: Esa música de avanzada de la que hablaba
Jorge, en el mejor de los casos tendrá que ver con la libertad melódica
y armónica y la apertura de conceptos. Se van creando nuevos conceptos,
nuevas direcciones en la armonía y en la interacción entre
los músicos. Hasta es probable que muchas veces podamos prescindir
de la pulsación tan característica del jazz. Hay momentos
en que el pulso empieza a estar sobreentendido.
Navarro: Para mí no puede faltar la pulsación
en el jazz. Soy un fanático de la frase de Duke Ellington: "No
significa nada si no tiene swing". Que no esté explícito,
que no sea tan obvio, me parece bien. Me gusta el modo de pulsar de Jorge
Rossy, el baterista de Brad Mehldau, un baterista de una generación
más nueva. Aunque no marque el pulso, el pulso siempre está.
Si permitimos que eso no esté, dejaremos de ser músicos de
jazz, pasaremos a hacer música, buena o mala, pero música a
secas. No puedo tocar sin eso, no puedo pensar de otra manera. No empecé a
tocar jazz porque quise, lo hice porque no tuve más remedio.
¿Cómo es eso?
Navarro: Muchas veces me preguntaron por qué hacía
jazz habiendo nacido aquí, hijo de un padre valenciano y una madre
entrerriana. Nunca lo supe. Las cosas me salían así, no busqué nada.
Desde la primera vez que escuché una pieza de jazz en la radio no
pude volver a tocar otra cosa, abandoné el repertorio clásico,
que por otra parte tocaba muy mal.
En Buenos Aires conviven varias generaciones de jazzeros. ¿Cómo
se llevan con las nuevas generaciones?
Navarro: Cuando teníamos 50 años, Gustavo,
el negro González y yo éramos considerados los jóvenes
del jazz. No había otra cosa, no había músicos jóvenes.
Los músicos más jóvenes hacían rock. De golpe
aparecieron un montón de chicos que tocan espectacularmente bien.
Yo hablo de ellos en cuanta entrevista tengo. Aunque ellos no quieran admitirlo,
somos sus antecesores. Ellos creen que nosotros no les prestamos atención,
pero a mí me gusta muchísimo lo que hacen.
Bergalli: Yo toco siempre con gente más joven. Me
gusta su apertura, quiero aprender y estar con ellos. Estos chicos escuchan
y están al tanto de toda la música internacional.
Navarro: Esa es una diferencia con nuestra generación.
Baby López Fürst y yo no escuchábamos nada. Cuando venía
alguien a preguntarnos si habíamos escuchado nombrar a tal o cual
preguntábamos en qué equipo había jugado. No era una
pose. Tampoco hoy escucho. Mis únicos intereses pasan por jugar con
mis nietos, caminar y tomar sol. No me jacto de ser así, hasta lo
digo con tristeza. En un sentido me parezco a Dizzie Gillespie, que un día
se cansó de que un músico le propusiera cosas nuevas y le contestó: "El
problema es que vos te tomás la música demasiado seriamente".
Bergalli: Yo, en cambio, escucho, toco y practico mucho.
Esa ha sido mi vida desde el año 40. Yo vengo aquí y me encuentro
con que todos estos tipos —Jerónimo Carmona, Carto Brandán,
Hernán Jacinto— viven esto como yo. Será porque todavía
no tengo nietos.